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Silicon Valley y su apuesta por la 'inteligencia artificial pragmática'

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La tecnologia Alpha Prime de sensores para coches auto?nomos de Velodyne Lidar, en Silicon Valley.
La tecnologia Alpha Prime de sensores para coches auto?nomos de Velodyne Lidar, en Silicon Valley. / Velodyne Lidar

Llevamos un tiempo aceptando que, en el despertar de la inteligencia artificial (IA) del siglo XXI, Europa lleva la delantera gracias a los buenos reflejos de instituciones universitarias de la vanguardia europea.

Oxford cuenta con The Future of Humanity Institute (inaugurado en 2005), que tiene al filósofo Nick Bostrom al frente, y la nueva James Martin 21st Century School de Oxford, abierta ese mismo año. Mientras que Cambridge inauguró en 2015 su Leverhulme Centre for the Future of Intelligence para estudiar desde la transparencia algorítmica a la IA aplicada a la democracia, que cuenta con el prestigioso filósofo Huw Price como principal responsable. Sin olvidar el Centre for the Study of Existential Risk (CSER), también fundado por Price junto al astrofísico y cosmólogo Martin Rees.

Y obviamente, la empresa DeepMind, radicada en Londres y hoy propiedad de Google -que puso como condición en la adquisición que siguiera al frente su fundador, el genio, Demis Hassabis-, hoy en vanguardia de la inteligencia artificial autodidacta y de propósito general. Esta compañía está logrando grandes avances en la aplicación de la IA al diagnóstico artificial masivo, aunque fue fijada en el mapa por su sofisticado software AphaGo, que ganó al campeón humano del Go, un juego asiático mucho mas complicado que el ajedrez.

Este complejo panorama en ebullición, y de visión netamente europea, nos ha llegado a hacer pensar -salvando los avances de IA en China, sobre todo para el control con tecnologías de reconocimiento facial y biométrico- que la vanguardia, al menos en investigación de IA, era cosa europea o del Atlántico Norte. Porque es una visión común a todos los centros citados, y un espacio en que podemos además incluir al MIT, que ha abierto su nueva Escuela para la IA y una enorme iniciativa que implica a todo el instituto llamada MIT Quest for Intelligence (la Búsqueda de Inteligencia del MIT), con el español Antonio Torralba al frente.           

Una alternativa visión pragmática

Ante este escenario, puede resultar curioso el perfil bajo en IA del área de California, con prestigiosas instituciones como Stanford, Caltech y Berkeley a la cabeza, que no han abierto nuevos centros en masa para investigar esta tecnologías como sí han hecho su colegas de la vanguardia europea.

Mi curiosidad me ha llevado a profundizar en esa diferencia de visión en el área de California, donde empresas como Amazon, Apple, Netflix o Google ya tienen en marcha proyectos y aplicaciones de IA, desde coches autónomos hasta estadística computacional por matching o la nueva 'industria de la atención' de NTENT

La sorpresa llegó al descubrir que California, y Silicon Valley en particular, se rige bajo una visión de la inteligencia artificial claramente distinta a la 'euro atlántica' e incluso a la china. Si Europa está centrada y preocupada en el impacto de la IA en los humanos y la sociedad; Silicon Valley está mucho más centrada en su efecto en los negocios y las empresas y, sobre todo, en cómo materializar los nuevos modelos negocios que va a originar esta tecnología.

La 'inteligencia artificial pragmática' y 'a16z'

Me ha terminado de convencer un informe elaborado por uno de los principales y más prestigiosos oráculos tecnológicos y económicos de Silicon Valley conocido como 'a16z' (alias financiero de AH Capital Management). Ese nombre, muy popular en la jerga de los iniciados del mundo del capital riesgo ligado al emprendimiento y la innovación tecnológica, probablemente no le sea familiar al lector.

Pero si, en lugar de 'a16z', hablamos de sus dos fundadores, Andressen Horovitz, ya puede empezar a sonar. Su 'portfolio' de éxitos y financiaciones de nuevos modelos de negocio es legendario: Facebook, Instagram, OculusVR y wit.ai (luego compradas por la propia Facebook), Mioto (adquirida por Amazon), Swell (por Apple), Bump, Fluter, Lytro, Uban Engine, RHL y Pixate (todas ellas compradas por Google); Git Hub y Skype (por Microsoft); 53 (por Wetransfer); Twice (por eBay), Til (por Airbnb), Social Cam (por Autodesk), PL Cloud (por Dropbox), Media chain (por Spotify)... y así podríamos seguir con decenas de startups que cuando eran desconocidas, fueron adquiridas por grandes empresas globales para incrementar su I+D más puntero.

A esto se une el enorme 'portfolio en activo' de inversión en el que aún están, por ejemplo, empresas recientes como Trust Token, Udacity, PeerStret, People.ai, OpenGov, Open invest, FourSquare, Folecoin, Airbnb y así hasta 203 nuevas empresas (las he contado); muchas dedicadas a fintech, biotecnología y, obviamente, IA. En su información para accionistas, 'a16z' declara que gestiona una disponibilidad de inversión de 10.000 millones de dólares en activos bajo gestión en varios fondos, incluidos el 'Bio' de 1.400 millones de dólares, el 'Crypto' de 350 millones y el 'Fondo de Liderazgo Cultural' (del que no dan cifras, aunque sería muy interesante saberlas).

Esta vía para acelerar la innovación del ecosistema forma parte del ADN de Silicon Valley. La conclusión del informe de Andreessen Horowitz es la 'inteligencia artificial pragmática'. De su visión sobre la IA, ofrece una pista la frase bajo su logo: "El software se está comiendo al mundo". Y confirma las sospechas el propio título del citado documento, El nuevo negocio de la IA y cómo se diferencia del software tradicional, que han firmado los dos miembros de 'a16z'.

Solo en la introducción, ya se expresan de forma muy distinta a la de cualquier texto europeo o de las instituciones universitarias que cité al principio. Los autores plantean su visión de la AI desde un punto de vista muy pegado al suelo y al lenguaje empresarial, nada conceptual, acentuado con la duda pragmática y evitando claramente hacer definiciones absolutas o grandilocuentes.

Afirman que "a nivel técnico, la inteligencia artificial parece ser el futuro del software". "La IA está mostrando que en el trabajo de los desarrolladores de software ahora utilizan tanto datos como con código fuente, lo cual está cambiando fundamentalmente el proceso". 

No tienen dudas: "Somos grandes creyentes del poder de la IA para transformar los negocios. Hemos puesto nuestro dinero detrás de esa tesis y seguiremos invirtiendo fuertemente tanto en empresas de IA aplicada como en infraestructuras de IA".

"Sin embargo, hemos notado en muchos casos que las compañías de IA simplemente no tienen la misma construcción económica que los negocios de software. A veces, incluso pueden parecerse más a las empresas de servicios tradicionales. En particular, muchas empresas de IA lo han hecho".

Innovación en inteligencia artificial (según Silicon Valley)

Los socios de 'a16z' hablan directamente de cómo deben ser, para conseguir rentabilidad, las verdaderas empresas de inteligencia artificial. Se centran en los mecanismos de software que creará o con los que se desarrollará la innovación en IA y los dilemas a los que se enfrentará. Sobre ellos, a diferencia de Europa, no hace referencia a las controversias éticas que plantea su uso social, sino que se preocupan más por asuntos más mundanos.

Confiesan, por ejemplo, que las empresas de IA no tienen la misma construcción económica que los negocios de software y, a veces, incluso se parecen más a empresas de servicios tradicionales. Así que su dilema inmediato se simboliza en la pregunta o ecuación esencial: "¿Software + Servicios = IA?"  Es decir que, en palabras del informe, "la clave del éxito a largo plazo para las empresas de IA es ser dueño de los retos (a los que han elegido enfrentarse) y combinar lo mejor de los servicios y el software".

Esto viene a cuento en relación a uno de los adagios favoritos de Silicon Valley que es: "La belleza del software (incluyendo el SaaS) es que puede ser producido una vez y vendido muchas veces". No olvidan que esa idea ha hecho grandes y globales a muchas empresas nacidas allí. 

Sin embargo su visión sobre cómo han de ser las empresas que desarrollen IA es que deben combinar una alquimia de empresa de software combinada con la de la empresa tipo SaaS (Software as a Service). Y un objetivo importante de cara a la rentabilidad y al escalado a nivel global de esas compañías va a tener que ver con cuál es esa alquimia que consiga la mayor eficiencia económica.

Pragmatismo puro y duro sobre la inteligencia artificial en la empresa. Su funcionamiento es exigente, complejo y costoso (entrenar un solo modelo de IA puede costar cientos de miles de dólares en recursos de computación). La inferencia de modelos (el proceso de generar predicciones en la producción), también es más costosa que en la informática tradicional. Las aplicaciones de IA tienen más probabilidades que el software tradicional de funcionar mejor con material como imágenes, audio o vídeo. Y, además, las operaciones en la nube pueden ser más complejas y costosas que los enfoques tradicionales, porque no hay aún buenas herramientas para escalar los modelos de IA a nivel mundial. Y ya se sabe que en el mundo (mercado) de la IA, la diferenciación técnica es más difícil de conseguir. Todo esto lleva  alos autores a concluir que a la hora de construir el nuevo sector de las empresas de IA está casi todo por hacer, ya que "el 'libro de operaciones' para defender los negocios de la IA, aún se está escribiendo".

Muy ilustrativa esta visión de la 'inteligencia artificial pragmática' a ras del suelo. Un auténtico baño de realidad para la que tenemos en Europa. Los evidentes grandes éxitos de la visión tecnológico-empresarial de 'a16z' nos llevan a plantearnos que si aplicáramos su declaración de intenciones ("respaldamos a emprendedores audaces que construyen el futuro a través de la tecnología, pero somos agnósticos en cuanto al escenario) y asumiésemos algo de su pragmatismo, sería sano para los innovadores y emprendedores europeo, en relación a esta IA que aún está por hacer.