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La ‘silver economy’, una oportunidad con ADN tecnológico

La ‘economía plateada’ tiene el potencial de alcanzar los 5,7 billones euros en 2025. La innovación es clave para dar soluciones a un público tan heterogéneo

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Dos usuarios de la tecnología asistencial de la española Neki.
Dos usuarios de la tecnología española Neki.

La edad de la población no deja de sumar dígitos en todas las regiones del mundo. En 2019, el 9% de los habitantes tenía más de 65 años y en 2050, un 16% la rebasarán, según estimaciones de la ONU. La sociedad es más longeva, pero también envejece, porque no solo vivimos más. Este colectivo empieza a ser significativamente más numeroso que el de los más jóvenes. En 2018, por primera vez en la historia, la población mayor de 65 años superó a la de los menores de cinco, y se prevé que en 2050 será más numerosa que la de los menores de 15.

Más allá de cómo se afrontará este cambio demográfico para hacerlo sostenible económica y socialmente, esta longevidad ha dado pie al surgimiento de nuevas oportunidades de negocio. Ya no se habla de la tercera edad, sino de una tercera vida, alrededor de la cual se ha gestado el término anglosajón silver economy con un valor nada despreciable. Si se considerara en los mismos términos que a una nación, la ‘economía plateada’ europea sería actualmente la tercera economía más grande del mundo, detrás sólo de Estados Unidos y China, según recoge el estudio The Silver Economy, desarrollado por la Comisión Europea, Oxford Economics y Technolopolis. Unos cálculos que realizan teniendo en cuenta a la población por encima de los 50 años. 

"Son individuos y, como tales, se diferencian: les unen unas cosas y les separan otras" 

"Se habla de silver economy en referencia al consumidor mayor y, según quien lo hace, se establece el punto de partida en una edad u otra. Dentro de tan heterogéneo grupo hay, a su vez, personas con más o menos poder adquisitivo y con unas sensibilidades u otras. Son individuos, y como tales, se diferencian: les unen unas cosas, pero les separan otras. Por tanto: no hay consumidor senior, hay silver economy con diferentes segmentos de consumidores", aclara Juan Carlos Alcaide a INNOVADORES, como experto en la materia y miembro de la junta directiva de la Asociación de Marketing de España.

La usabilidad en el centro

El análisis de la Comisión Europea sostiene que esta ‘economía plateada’ tiene el potencial de crecer alrededor de un 5% anual hasta los 5,7 billones de euros en 2025. En esa fecha, equivaldría al 32% del PIB de la Unión Europea y al 38% del empleo, con 88 millones de nuevos puestos de trabajo. Entre las áreas con un marcado componente tecnológico que contribuirán a este crecimiento, se menciona la salud conectada; la robótica y los juegos; los servicios de atención integrada y mejora de la conectividad; los entornos que tengan en cuenta las necesidades de las personas mayores, incluido el hogar inteligente; los coches sin conductor; o las plataformas interactivas para acelerar el desarrollo de productos y servicios. 

"Se está innovando en la generación de soluciones a algunos de los problemas acuciantes, como la telemedicina, el monitoreo, el seguimiento de salud y actividad, los cuidados, la teleasistencia y tantos otros donde es necesario ser disruptivo en los enfoques", sostiene Alcaide. Quien añade que "será preciso abaratar costes de atención, dado que de otro modo los mayores no podrían pagar ciertos servicios de acompañamiento".

En la búsqueda de esas soluciones trabajan desde hace 10 años en el centro tecnológico de cataluña Eurecat. Felip Miralles, director de su unidad de eHealth, cuenta en conversación con INNOVADORES que "la aplicación de las TICs dirigidas a gente mayor tiene la barrera del acceso y de su capacidad para desenvolverse con herramientas digitales". De ahí que remarque que la usabilidad es clave en todas las propuestas que se desarrollen en este sentido. 

Hace 45 años, mucho antes de que se acuñara el término silver economy, en Suecia nació Doro. Esta compañía, que cotiza en la bolsa de Estocolmo, surgió con el  propósito social de ayudar a las personas mayores a estar conectadas con su entorno, con soluciones adaptadas a sus habilidades y capacidades. Una de sus líneas de negocio es la comercialización de teléfonos para seniors, primero de línea fija, después móviles y desde 2006 smartphones. En el desarrollo de su interfaz EVA trabajan con Google. 

"EVA guía al usuario mediante lenguaje natural de manera que cada paso es una pregunta, en lugar de tener que buscar la aplicación que hace la acción. Es muy probable que un senior no conozca los iconos de las aplicaciones", aclara Juan Carlos Morcuende, director general de la empresa en España.

"Otro factor complicado es la falta de botones físicos o virtuales y el manejo por gestos, unas innovaciones que son difíciles de entender y aprender por un gran colectivo de la población. Mientras que en el caso de los teléfonos con teclas, no es necesario que estas sean muy grandes y con muchísimo relieve. Ese tipo de diseño estigmatiza a las personas mayores». 

Otro ejemplo de mejora de la usabilidad es Vincles, la plataforma tecnológica que el Ayuntamiento de Barcelona pone a disposición de las personas de edad avanzada con riesgo de sufrir soledad y exclusión social. "Es una especie de WhatsApp que les permite comunicarse con sus círculos más cercanos por videoconferencia, compartir fotografías y acceder a los servicios de la administración. No requiere apenas navegación porque todo está en una sola página", describe Miralles. El ayuntamiento proporciona la tableta y la conexión, y un asistente social acude al domicilio para explicar su funcionamiento, generalmente en una sola sesión.

Eurecat también está detrás de eKauri, una solución que establece patrones de actividad a partir de hábitos cotidianos. Lo único que tienen que hacer las personas mayores, o dependientes, es seguir con sus rutinas. "Se colocan en el domicilio sensores ambientales poco intrusivos que recogen datos de presencia, luminosidad, temperatura y humedad. Con ellos se construye un mapa de comportamiento y se detectan anomalías como posibles indicadores de, por ejemplo, un principio de alzhéimer, y ayudan a los cuidadores en su toma de decisiones", explica Miralles. "Es una teleasistencia de tercera generación, muy útil sobre todo para quienes viven solos". 

Mejorar la calidad de vida

En este centro tecnológico, donde hacen especial incidencia en proyectos innovadores enfocados al envejecimiento activo y saludable, también tienen el ojo puesto en las tendencias que traerá consigo la silver economy. Sobre todo en aquello relacionado con la robótica asistencial, a través de su plataforma MoveCare; con asistentes virtuales, como el piloto Nestore para promover hábitos saludables; o con apps que faciliten el seguimiento de enfermedades crónicas, como la EPOC o una insuficiencia cardiaca. 

"La tecnología puede hacer que una persona bien comunicada con el centro asistencial, y bien acompañada, de la que se monitoricen algunos parámetros con los que predecir la agudización de su patología, evite visitas innecesarias a su médico, a urgencias e incluso ingresos hospitalarios. Todo esto está por llegar, pero sin duda va a ser un cambio muy importante en la práctica clínica durante los próximos años", asegura.

Los avances científicos y tecnológicos de las últimas décadas han alargado la vida de la personas, al mismo tiempo que mejoraban su calidad. "Llegamos a los 65 y 70 años en un momento en el que queremos seguir viviendo de forma autónoma, pero empezamos a necesitar cuidados y atención. La teleasistencia, las soluciones de cohousing y la conectividad inteligente para la atención de emergencias permitirán que ese coste social sea sostenible en el futuro", asevera Morcuende.

Una prospección a la que Alcaide añade: "Mejorar la calidad de vida de las personas cuando pierden su plena independencia es, indudablemente, el reto tanto público como privado. Se hace necesaria la colaboración en torno a iniciativas de fomento del emprendimiento y la innovación".

Localizador de niños a mayores Neki es una startup zaragozana que hace seis años desarrolló un GPS para niños, pero enseguida descubrió que su foco de mercado debía ser otro: las personas mayores. "Los padres que compraron el reloj para sus hijos fueron los que nos dieron la pista. Le veían más utilidad con los abuelos porque a veces no sabían donde estaban y eso les preocupaba", relata Rafael Ferrer, director de Neki. Así que decidieron cambiar el diseño, dirigirse a ese público y los resultados empezaron a mejorar. Ahora comercializan relojes, collares, cinturones y un detector de caídas con un diseño como el de cualquier otro accesorio, pero con localizador.