Opinión    Biodiversidad digital

La tecnología del desenvejecimiento ya es una ‘realidad’

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Una escena de 'El Irlandés' con la tecnología del envejecimiento.
Una escena de 'El Irlandés' con la tecnología del envejecimiento. / IL&M

Cualquiera que lea el título de este artículo podría pensar que voy a hablar de alguna técnica de cirugía estética o de algún nuevo tratamiento de la hiperactiva industria de la belleza, pero nada más lejos de la realidad, nunca mejor dicho. El envejecimiento o desenvejecimiento del que hablo ahora no es del mundo de los mortales, tiene lugar en el mundo intangible o inaprensible de la realidad aumentada o posproducida en tiempo real, que como explicó hace poco el gran Ricardo Montesa no puede existir en el mundo físico o real, sino solo en las actuales pantalla de la segunda digitalización.

Se trata  de una nueva tecnología aplicada al cine exprofeso para superar la dificultad y la reticencia que el director Martin Scorsese tenía sobre que Robert de Niro, Al Pacino y Joe Pesci tuvieran que rodar las escenas de su película con capturadores de movimiento por toda la cara, con el fin de actuar con su edad de hoy pero aparecer en las escenas de la nueva película The Irishman (El Irlandés), con su aspecto de hace años o décadas, según la escena o secuencia de la película.

Para los ‘adictos’ de Netflix, lo que les estoy contando aquí no será nuevo, pero mi ventaja es que aquí podemos reflexionar sobre las implicaciones de esta nueva aplicación tecnológica, cosa que no se suele poder hacer porque, frecuentemente, el protocolo de la visión por streaming de los contenidos de dicho servicio está orientado a que no se reflexione, sino a que se consuma el audiovisual en non stop, lo cual impide de facto cualquier tipo de reflexión.

El modo audiovisual se caracteriza por eso: o estás dentro o no estás. No admite medias tintas. Si estás ‘dentro’ captura toda tu atención; si no estás, te lo pierdes. No admite el multitasking (multitarea); ni siquiera admite que tuitees algo sobre lo que estás viendo. Hay gente que lo hace, pero entonces hay algo que te pierdes. Tal es la exigencia de la visión del audiovisual. Incluso en casos extremos, conozco alguno, el paradigma de Netflix ha creado un nuevo tipo de consumo del audiovisual; el del maratón o ‘atracón de series o de películas en el fin de semana, día y noche.  Por eso decía al principio que lo que hablo no es una novedad para los forofos del streaming, porque ellos si se lo ven todo, y sobre todo los ‘extras’ de la película.

La tecnología del ‘de-aging’ o ‘desenvejecimiento’

Una vez puestos en antecedentes volvamos a la reflexión tecnológica. La denominación no es mía. Las tecnologías aging (envejecimiento) y de-aging (desenvejecimiento) son un desarrollo del equipo de producción reunido por Netflix y la productora Industrial Light And Magic IL&M (propiedad de Steven Spielberg). Me interesan mucho esos términos inventados por el propio equipo de producción de la película para divulgar el método tecnológico con el que han conseguido esa ‘magia’ de rejuvenecer y/o envejecer, según las escenas, a Robert De Niro, Al Pacino y a Joe Pesci, a veces años y en algunas escenas incluso décadas.

En ese equipo, hay verdaderos genios como Pablo Helman el supervisor de efectos especiales de la película, que no las tenía todas consigo, ya que temía la reacción, por ejemplo, de Robert de Niro, que al verse dijo alegre: “¡Mira, se me ve igual que yo era hace 25 años!”. Rob Brendon, el responsable de IL&M, confiesa que ama el riesgo y que por eso se embarcó en este proyecto con Netflix, literalmente para ‘arriesgarse’. Naturalmente, en el fondo todo esto está respondiendo a las críticas recientes a Hollywood actual cuya financiación hoy está en manos, mayormente, no del cine, sino del mundo de los inversores. Incluso se han levantado voces críticas sobre que el mundo del cine hollywoodiense hoy tiene “verdadera aversión al riesgo”.

Entre otros objetivos de este relato del equipo tecnológico, está también el de innovación. Así, esta asociación de ILM y Netflix es una potente respuesta a esa necesidad y, además, con figuras del cine teóricamente de las más refractarias a priori al cine ‘tecnológico’ de los excesos digitales, uno de cuyos críticos más exacerbados era, hasta esta película, precisamente ese mito vivo del cine que es Martin Scorsese.

Además, entre los genios de la tecnología digital de efectos especiales de esta película hay otros especialistas de IL&M. Como Paul Giacoppo, ‘supervisor del modelo de personaje digital’ o John Levin, el que más temía la reacción de De Niro si no se gustaba de ‘joven’ digital; También Leandro Estebecorena o Sonia Contreras (la especialista en captura facial con el software Flux), quién explica que el nombre viene de la suma de F (facial) y Lux (luz), un software con el que consiguen modelar completamente en 3D en movimiento los rostros de los actores que se filmen en el rodaje.

Iván Busquets, supervisor ‘asociado’ de VFX, declara que “ha sido un desafío crear ‘humanos digitales tridimensionales, creíbles y convincentes”. Pero, ¿qué es un humano digital ‘creíble’ y ‘convincente’? ¿Tal vez un humano digital (artificial) cuyo aspecto y movimiento no se distinga de un humano (real) filmado por una cámara de cine actual en superalta resolución?  A conseguir esto, le llama Busquets, encontrar el ‘santo grial’ de los efectos especiales digitales.

Caso aparte merece el director Martin Scorsese, quien ha defendido siempre a capa y espada su visión ‘romántica’ del séptimo arte, incluso renegando de la tecnología y los efectos digitales dentro del cine. Por ejemplo, el pasado 11 de noviembre declaró al The New York Times que había intentado ver algunas películas de ‘superhéroes’ de Marvel, y declaró: “No son para mí porque me parecen más parques de atracciones que películas, tal como las he conocido y amado durante mi vida, así que, al final, no creía que fueran cine”. Tras tener problemas con los ejecutivos de los estudios Warner Bros, durante el rodaje de su anterior película El Aviador, confesó que le intentaron acortar los tiempos de rodaje y que “si esta es la forma en que hay que hacer ahora las películas, entonces, ya no lo haré más”, dijo.

Los milagros tecnológicos y no-tecnológicos en el cine de Neflix

Parece que esta vez con Netflix ha sido distinto. Además de invertir 160 millones de dólares en el proyecto de El Irlandés, ha conseguido más milagros aparte de los tecnológicos citados, como convencer al célebre director que lo digital no era un enemigo en su película. Y conseguir que la parafernalia tecnológica no interfiriera con su dirección y con la interacción de los actores entre sí durante sus interpretaciones en el rodaje. Esa fue una condición.

Otra, fue que no iba a poner bolitas ‘capturadoras de movimiento’ en las caras de los actores, cosa que afectaba esencialmente las tomas de los primeros planos. Netflix lo prometió y los ‘magos’ de lo digital de IL&M demostraron que era posible evitarlo en la práctica. Les costó dos años conseguir crear el sistema. El asunto no era fácil porque el guion de El Irlandés describía continuas idas y venidas, atrás y adelante en el tiempo. La historia transcurre entre 1949 y el año 2000. Scorsese se habían dado cuenta que, interpretados por esos actores con su edad actual, no iba a poder conseguir con maquillajes que aparecieran con el aspecto que exigían para algunas escenas de hace décadas el guion de la película, (De Niro tiene ahora 76 años, como Joe Pesci; y Al Pacino ha cumplido ya los 79 y en algunas escenas debe aparecer como si tuvieran 30 o 40 años menos).

A la gente de IL&M le gustan los retos, dicen de sí mismos, así que propusieron a Scorsese hacer una difícil prueba para convencerle. Fue mostrarle en la práctica a los actores filmados hoy como si tuvieran el aspecto de hace muchos años, o sea ‘desenvejecidos’ mediante la tecnología. De Niro interpretó para la citada prueba una escena conocida de Uno de los nuestros, que rodó con el mismo Scorsese en 1990. Una vez filmado, el director reticente vio el resultado, con la cara desenvejecida de Robert de Niro en la escena de prueba, y exclamó: ¡Great!, ¡Excelente! y dio luz verde.

El secreto, además del citado software Flux, es una aparatosa cámara triple de filmar en el rodaje con la cámara de cine convencional en el centro y dos ‘cámaras testigo’ de infrarrojos a los lados que ‘leen’ todo el volumen de los rostros, con sus texturas de piel, de los actores y lo va transformando de inmediato en un flujo de volumen texturizado en la piel exterior que luego el Flux podía cambiar de aspecto, casi a voluntad. O sea, podían filmar a un actor en un primer plano con casi 76 años, o más en el caso de Al Pacino y en la interpretación grabada aparecía ese mismo actor con toda su actuación impecable sin alterar su expresión, pero como si tuviera 20, 30 incluso 40 años menos. E incluso también lo podrían hacer la inversa, o sea ‘envejecerle’ también.

Comprobar que se cumplía su condición de que en el rodaje no iba a ser restringido de ninguna manera por la tecnología hizo que esta pasara de ser casi enemiga a ser aliada de su ‘arte cinematográfico’. Scorsese lo explica así: “Al principio llamábamos a la cámara el ‘monstruo de tres cabezas’, pero luego no me pareció un monstruo. Se convirtió en algo agradable”.

Como dice Giacoppo habían conseguido destilar el ‘yo’ más joven de los actores de forma realista, hasta el punto que el espectador no notase que el aspecto del actor interpretando, era producto de un flujo imperceptible de postproducción digital. Ya dije hace varios años en estas páginas que “todos podemos ser posproducidos”. Algún lector me preguntó entonces a qué me refería. Pues bien, me refería a cosas como esta hazaña que han conseguido en el rodaje de El Irlandés los ‘artistas’ de IL&M.

Pero, por su parte, el mérito de los productores de Netflix no es menor, ya que el gran Martin Scorsese que criticaba la tecnología digital en relación el cine caso como un ‘ludita’, ahora incluso ha pasado a ser un converso del aporte de la tecnología digital a esta película suya rodada con tres leyendas vivas del cine de siempre. Aunque seguros del todo, no estamos. Igual, Netflix también le ha persuadido de que debe mostrarse así por el bien del proyecto. Aunque en las imágenes que habla Scorsese de ello parece muy sincero. Quién sabe.

Por volver al principio, ahora ya sabemos que estos milagros del ‘envejecimiento’ y ‘desenvejecimiento’ digital, solo es visible en una ficción en la pantalla. La mezcla de realidad (lo filmado por la cámara de cine) e irrealidad artificial creada por las ‘cámaras testigo’ de infrarrojos y el software Flux funciona muy bien en una historia de ficción. Y nos gusta, aunque sepamos el truco, porque nos lo han contado quienes lo han hecho.

Esta tecnología digital del desenvejecimiento ya está disponible para la pantalla. La pregunta que me asalta es si, cuando esta tecnología la usen con alguien que creamos que es real en un telediario, nos lo hayan desenvejecido digitalmente sin decírnoslo, y nos lo presenten como si lo que vemos en la pantalla fuera totalmente natural y real. No sé si entonces, cuando nos enteremos de la verdad -si eso ocurre-, nos hará tanta gracia como el El Irlandés en el cine.