Entre Bits y Chips    Análisis / Ordenadores

Si piensas en una Surface Pro 7, que sea con el Intel Core i7

La nueva versión de la Surface clásica es una revisión a fondo de uno de los equipos más exitosos de Microsoft; pero, si se puede, conviene elegir la configuración con el i7 de Intel.

27 OCT. 2020 - Madrid
8 minutos

Hacía bastante tiempo (años) que no revisitaba la Surface. Me ofrecieron probar una hace un mes largo y la experiencia ha sido como regresar a un lugar conocido. Y eso tiene su parte positiva y también otras negativas.

En lugar de evolucionar la Surface hacia otro factor de forma u otro tipo de dispositivo, Microsoft ha optado por crear una gama de equipos alrededor bajo la marca global de Surface, unos más parecidos a un portátil convencional, otros en la línea de la clásica Surface... hasta unos auriculares. 

Así que el factor forma de la Surface se ha mantenido estable tras sus primeras transformaciones, esas que le llevaron de ser una tableta gorda y un poco incomprensible a convertirse en uno de los modelos de portátil, una demostración por parte de Microsoft de lo que podía ser un portátil híbrido ultraligero.

Básicamente sigue siendo una tableta con pantalla de 12,3 pulgadas de diagonal (resolución de 2.736 x 1.824 puntos) que se puede conectar mediante enganches magnéticos a un teclado y es controlable por un puntero.

Sin embargo, en cuanto te pones a los mandos y, sobre todo, cuando vas descubriendo su interior, la cosa cambia bastante con respecto a una tableta. Al arrancar ves que estás ante un ordenador con Windows. Y tarda lo que tarda un ordenador. No es un arranque instantáneo. 

Cuando se profundiza en su interior se comprueba que no es un equipo basado en ARM, la arquitectura de procesadores más extendida en tabletas y móviles (aunque fue pensada para portátiles), sino en chips Intel Core. De hecho, se puede configurar con casi toda la gama, desde i3 a i7, eso sí, las opciones se quedan en la décima generación de Intel. También es verdad que se trata de una máquina que se presentó ahora hace un año. 

El precio está muy relacionado con el procesador que se elija a la hora de configurar la Surface. Yo la he probado con el i7. Pero, ojo, los precios con este procesador, incluso con oferta, arrancan en 1.510 euros y terminan en 2.399. Los tres modelos con este configuración tienen la misma RAM, 16 gigas, pero la mamoria de almacenamiento varía: 256 Gigas, 512 y un Tera. Lo que son las ofertas, está más barato -1.510 euros- el de 512 gigas que el de 256 -1.599 euros-.

Dicen que hablar de dinero puede parecer un poco ordinario, pero en este caso, es bastante pertinente. La Surface es un equipo para quien le vaya a sacar partido. Si se va a utilizar fundamentalmente como tableta, hay otras opciones más baratas y mejores; si se va a utilizar como portátil, lo mismo. 

Por fuera, me sigue sorprendiendo que se mantenga incluso el sistema de apoyo. Cuando presentaron la primera Surface, recuerdo que el jefe de producto dedicó más tiempo ha hablar de la patilla de apoyo, de su sistema de bisagra que la mantiene en cualquier punto de inclinación, de la resistencia a pesar de la aparente fragilidad... Y hoy sigue siendo la misma. Parece que sí la diseñaron a conciencia.

Ese sistema de apoyo le permite mantenerse de pie sin llevar funda ni teclado; la podemos colocar en donde nos resulte más conveniente y manejarla a distancia con un teclado externo Bluetooth y con un ratón. O podemos recurrir al puntero, aunque como de verdad se le saca partido es con el teclado a juego, pero hay que preparar otros 130 euros (o más), con lo que todavía se encarece más. Por cierto, el lápiz cuesta otros 109 euros... 

Vamos, que es una inversión importante y conviene estar seguro de lo que se necesita. Si por pagar 2.399 por un equipo piensas que vas a poder jugar a lo que le eches, olvídate. No es así. Si lo que se necesita es un equipo ligero, resolutivo como portátil y como tableta, que sea también representativo y capaz de la mayoría de las tareas a las que se pueda enfrentar en un puesto de trabajo, aunque sea una oficina de diseño, la cosa cambia, siempre pensando en las configuraciones i5 e i7, que cuentan con las gráficas Iris Plus de Intel.

La ligereza y la pantalla grande suelen llevar aparejado un inconveniente: la batería no puede ser igual de grande que la que lleva un portátil: no hay espacio. Y eso se paga en autonomía. Lo compensa con un alimentador de 65 vatios capaz de recargar el 80% en una hora. Pero no se le pueden pedir más de ocho horas de trabajo real. Tal vez un poco menos.

Es, junto con el tamaño de los marcos de la pantalla -parece más un equipo de hace un par de años-, una de las pocas pegas que se le pueden poner a esta nueva iteración de Surface.

Entre las cosas buenas habría que sumar que, a pesar de su grosor (8,5 milímetros, un poco más que un móvil) cuenta con un puerto USB-A completo, un USB Tipo C, toma para auriculares, los puertos para la alimentación y para conectar la funda teclado y un lector de tarjetas MicroSD, más conectores que algún portátil más convencional.

Importante: sin contar con la funda ni el puntero (se puede llevar imantado en el lateral), el equipo pesa 790 gramos. Una pista: es poco para un portátil; algo más para una tableta.